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Big data, Big Brother (ser cypherpunk mola)

CypherpunksEstoy leyendo estos días el libro de Assange “Cypherpunks”, una entretenida conversación en el  que participan el creador de Wikileaks y alguno de sus colegas de trinchera (Jacob Appelbaum, Andy Müller-Maguhn y Jerémie Zimmermann), todos ellos “sospechosos habituales” según los mandamases del mundo.

Está claro que la lectura del libro le deja a uno bastante conspiranoico, y cercano a las tesis de los autores, que defienden que Internet es la mejor herramienta para expresarnos con libertad, pero que también se ha convertido en el mayor arma de vigilancia masiva por parte de los estados, corporaciones y mafias de todo tipo.

¿Quién nos vigila?, y digo yo, ¿no tienen nada mejor que hacer?

Está claro que nuestra vida y milagros, la de cada uno en particular, debe ser más interesante de lo que creemos, porque hay multitud de escuchadores activos, a los que imagino tan míseros y anodinos como el protagonista de la pelicula  La Vida de los Otros, sobre el espionaje de la Stasi en la antigua RDA. Claro que, actualmente, estos individuos han sido sustituidos por programas informáticos y centros de datos; pero, de todas formas, conozcamos quién podrían ser los posibles interesados:

  • Las grandes corporaciones, para saber cuándo y cómo ofrecernos un nuevo producto; y cómo influir en la opinión pública a favor de sus intereses.
  • Los estados, porque representan el orden establecido y quieren conocer con antelación si alguna de sus ovejas se ha descarriado y va a intentar cambiarlo.
  • Las agencias de espionaje privadas, por si en el baño decimos algo que pueda servir a la competencia para mejorar la oferta de nuestra empresa a un posible cliente en disputa.
  • Las empresas del sector de la seguridad que trabajan a favor y en contra de todos los organismos antes citados y cuyo negocio es precisamente ese, la venta y mantenimiento de la tecnología y también la subcontratación de servicios de escucha, almacenamiento y análisis e la información recopilada. Un gran negocio en la sombra que hace pocos días ha tenido una de sus ferias más importantes en París.
  • Organizaciones mafiosas de todo tipo pueden estar haciéndose con esta tecnología, dado su coste cada vez más bajo, para a su vez vigilar a los “vigilantes” y adelantarse a los movimientos de estos en contra de sus miembros e intereses.

Cómo nos vigilan o monitorizan

El paso principal que estos organismos han dado, gracias a la tecnología, es el de pasar de investigar a aquellas personas personas de su interés, a la captación indiscriminada y almacenaje de toda la información, para filtrarla, analizarla y tenerla a su disposición, por si necesitaran echar mano de ella en el futuro. Hemos pasado de la vigilancia de ciertos objetivos (targets, que los llaman ellos) a la monitorización de toda la población, por si acaso… :

  • Nosotros se lo ponemos fácil. Todo lo que publicamos en nuestros perfiles, blogs y redes sociales es de acceso público y solo tienen que echarles un vistazo, para saber de que pié cojeamos.
  • La navegación a través de Internet, nuestras búsquedas y compras on-line también son registradas, para conocer nuestros hábitos de consumos, gustos, inclinaciones sexuales, políticas y religiosas.
  • También tienen acceso a nuestras conversaciones privadas por medio de teléfonos móviles, e-mails sms y demás medios de mensajería instnatánea. Aunque es ilegal los grandes sistemas lo filtran todo, captándolo  a través de las propias operadoras telefónicas. Si una llamada nuestra al extranjero es sospechosa o en vez de córcholis decimos me lo paso bomba muy a menudo, quizás recibamos una visita no esperada a media noche, y no, no será el lechero.
  • A través de nuestras transacciones económicas electrónicas, es decir todas fuera de la compra del pan o los potes el fin de semana. Dime lo que compras y te diré quién eres o donde has estado últimamente. Si has hecho una donación con Paypal o tarjeta de crédito pasarás seguramente a una lista de sospechosos de ser… una buena persona.
  • Saben, además, donde estamos en cada momento gracias a los dispositivos móviles. Aunque no tengamos el GPS activado, una sencilla triangulación de la señal de radio nos pueden localizar, para enviarnos, por ejemplo, un anuncio de proximidad al móvil, o un misilazo, según les apetezca.
  • Por último, podríamos añadir la, cada vez más, tupida red de cámaras de video-vigilancia, que junto con los nuevos software de reconocimiento facial y tratamiento inteligente de imágenes, pueden grabar todos nuestros movimientos por la ciudad, o seguir nuestro coche en los desplazamientos.

¿Que pretenden conseguir?

Eso me gustaría saber a mí, aunque nada bueno, me imagino. Supongo que dependiendo del organismo, pueden tener un objetivo u otro:

  • Desde el punto de vista comercial, la información puede servir para prever hábitos de consumo o incluso condicionarlos hacia un tipo de productos y marcas en detrimento de otros.
  • Los grupos de presión de las grandes corporaciones intentarán sacar ventaja en la adjudicación de contratos y también influenciando a la opinión pública a favor de sus intereses. Aquí también podríamos incluir a los partidos en el gobierno, que puedan tener un acceso privilegiado a la información clasificada de seguridad que les permita perpetuarse en el poder.
  • A nivel de control social, una sociedad hipervigilada, censurada o autocensurada,  puede sentirse amedentrada y dejar de protestar contra la injusticias y a favor de los derechos sociales. De esta manera se pueden mantener los privilegios de las castas dominantes, sin necesidad, de utilizar la violencia explicita.
  • En el ámbito individual, una persona molesta para el estado o una gran corporación puede verse privada del acceso al trabajo, al crédito, a la sanidad, ser desacreditado socialmente, etc,  sin que tengan que intervenir en ningún momento la justicia o haya acusaciones de por medio. Es decir, se le puede condenar a una muerte social, que en un futuro permita su eliminación física, si ellos lo consideran necesario.

¿Cómo podernos defendernos?

Bueno, la primera reacción ante tan abrumadora maquinaria en nuestra contra sería  cabrearnos y/o  pasar de todo, pero  si de todas formas tenemos algunas ganas de defendernos, podemos aplicar algunas sencillas reglas:

  • La primera es de cajón: no deberíamos publicar en la Red ninguna información que no deseemos que sea de dominio público.
  • No llevar dispositivos móviles cuando no queramos ser localizados.
  • Encriptar nuestras comunicaciones privadas o sensibles. La red Tor, una red privada que mantiene el anonimato, puede ser un buen mecanismo de seguridad.
  • Pagar en efectivo y no realizar transacciones con tarjetas de crédito, si no queremos que sean rastreadas. Además existen monedas electrónicas como el Bitcoin, que permiten mantener un mayor grado de anonimato de los pagos por Internet.
  • Por último, y  lo más importante, podemos seguir luchando socialmente para que la privacidad sea preservada. Actualmente la tecnología desborda los ámbitos de regulación, pero deberíamos volver al punto anterior, en que solo un juez podía autorizar la vigilancia, el registro y el almacenamiento de nuestras comunicaciones. Por otro lado deberíamos exigir a los organismos y empresas que trabajan con nuestros datos la mayor transparencia en el uso de los mismos y unas claúsulas de privacidad respetuosas.

Una sociedad vigilada, una sociedad petrificada

Parece que el celo excesivo por la seguridad nos puede a llevar, en la defensa de cierta privacidad,  a un estado de alerta permanente, como si estuviéramos viviendo en la clandestinidad. Está claro que un exceso de vigilancia puede crear una sociedad amedrentada, en la que los cambios se produzcan más lentamente (pensemos en los regímenes estalinistas y las dictaduras del siglo XX). Esta sociedad sin capacidad de elección (excepto de modelo de móvil), quedaría como petrificada, sin avances sociales, legitimando un orden social donde los privilegios recaen siempre en los mismos.

Digo yo, que deberíamos conservar espacios de libertad para la disensión y el pensamiento diferente, porque los grandes avances, tanto sociales como tecnológicos se han producido a partir de pensamientos disruptivos que han entrado en conflicto con el consenso general de la sociedad o del mundo científico.

Para terminar algunos otros enlaces de interés:

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