Continúa desde:El marketing rupturista
B- La imagen de la Innovación
Una marca en constante movimiento
Es condición obligatoria de una marca mostrarse activa, cambiante, marcar tendencia. Copiar lo desarrollado por los competidores es un recurso bajo, hasta decepcionante para aquellos consumidores históricos de la misma. Sin embargo, hoy en día la creatividad innovadora es un riesgo y constituye un lujo que pocos pueden permitirse.
Las marcas novatas no podrían incurrir en el error de cuestionar el tipo de servicio que brindan o producto que ofrecen. Por lo que este terreno es conquistado por las empresas líderes que toman la iniciativa y atraviesan terrenos pantanosos pero sumamente rentables si el objetivo es claro, si la estrategia es precisa. Ellas marcan el camino y ofrecen, desde la gráfica y la forma estructural, innovaciones temporales que sacuden las góndolas, las alegran, las llenan de exclamación e interrogante pero, por sobre todo, exponen una realidad:
Podemos hacerlo porque somos las número 1.
Ahora bien, ¿por qué si esto es tan beneficioso se vuelve temporal? Una vez un profesor me reveló una verdad tan dura como lógica: “La felicidad es gratificante porque es efímera. Uno no podría vivir en constante alegría porque de ser así esta se transformaría en un estado natural y perdería su valoración. La felicidad es deseada porque emerge de un mundo plagado de penas”. Este comentario, que tal vez pueda parecer deprimente refleja, a mi juicio, el fenómeno de las ediciones especiales. Un diseño altamente rupturista es tal porque el contexto en el que se mueve es tradicional. Ahora bien, si siempre se mostrara de ese modo, se caería en una rutina que afectaría indudablemente la percepción del consumidor por su producto.
La pregunta obligada sería: “Si un envase se exhibiera rupturista, impactante e innovador de forma constante… ¿no sería espectacular? ¿Qué tendría de malo eso?” En primer lugar, vuelvo a reiterar que no todas las marcas estarían preparadas para hacer eso. En segundo lugar, los consumidores expresan una relación amor/odio frente a la innovación: la aman pero a su vez le asusta. El que una marca sea líder no significa que no tenga una historia que defender, el que un consumidor valore las sorpresas no significa que un fabricante exponga un producto o servicio gratuitamente a situaciones indeseables o contraproducentes y que, en definitiva, se aleje absolutamente del aspiracional de marca obtenido tras años de esfuerzo y planeamiento estratégico.
Ruptura, dentro de un orden…
Volviendo al método de implementación de las ediciones limitadas, podríamos decir que el efecto se obtendrá o bien por oposición o bien por ir unos pasos más allá del camino trazado. Pero recuerden… es importante que esto se lleve a cabo “en un lapso pautado”. Cuando hablo de oposición, lo que digo es que la reacción se produce cuando el consumidor se encuentra en la góndola con un mensaje descontracturado (si el producto es formal) o formal (si la principal característica del mismo es la locura extrema). Este mensaje contradictorio lo pone al observador en una posición de cuestionamiento, de sorpresa y de excitación que lo lleva, una vez decodificado el mensaje, a reflexionar sobre su preferencia y a reafirmar su “vínculo” con la marca.
Es importante hacer la salvedad de que ser rupturista no significa “ensuciar” el mensaje sino irrumpir de manera controlada, es decir: “La marca que elegís puede ir más allá que las demás, sabe cómo hacerlo, y lo va a hacer pero, tranquilo, vamos a ir preparándote para ese futuro”. Una edición limitada es una muestra de lo que una marca es capaz de hacer, un refuerzo en el deseo del consumidor, una inyección de energía y vitalidad y, por sobre todo, una forma efectiva de educar al consumidor sobre las ofertas del mañana.
Sin embargo, muchas veces las «ediciones especiales» son solo un trigger para coleccionar más cachivaches, dejando atrás el muy objetivo deseo de encontrar calidad además de empaques fabulosos.