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Trump o la estética de la distopía

metropolis

metropolis_pDespués del triunfo de Trump uno se puede plantear muchas cosas, pero desde el pensamiento friki me surge la pregunta de si no deseamos, en el fondo de nuestra retorcida psicología, que el peor de los escenarios posibles se haga realidad. Si no nos atrae esa estética feista , a veces cutre, el escenario distópico y postnuclear.

Desde que la cultura existe como tal el hombre se ha planeado que su existencia global tiene que desaparecer. La culminación de uno de los libros más vendidos de la historia (la Biblia), acaba con un capítulo titulado Apocalipsis.

Hacia un final nihilista

Lo bueno es que el hombre se resiste a pensar que su desaparición pueda ser absoluta y crea escenarios (paradójicamente) llamados post-apocalípticos. A medida que el capitalismo democrático se ha instaurado de forma hegemónica como forma de gobierno y forma de reparto de bienes, la cultura ha multiplicado la representación de estos escenarios. Es algo normal. El intelectual ve nuestro sistema como un camino sin salida, un tren desbocado y sin maquinista que va hacia un abismo, como por el que saltaban al final de la película Thelma y Louise.

En Matrix, la inteligencia de la red le comenta al protagonista que antes del mundo virtual imperfecto en el vivían, habían recreado un mundo justo y de paz, pero que el cerebro humano lo rechazaba por irreal.

Distopía o manual de intrucciones

Las ditopías son, en teoría, críticas sociales que intentan advertirnos de las consecuencias negativas de las decisiones que tomamos como sociedades pueden tener. Si embargo, como se leía hace poco en un meme “1984 es una novela, no un manual de instrucciones”, hay sectores sociales que se encuentran muy a gusto con los futuros apocalípticos que se nos describen. Por un lado hay cierta atracción mesiánica de los que esperan un pronto apocalipsis, que refuerza sus ideas religiosas, por otro hay una estética de la distopía que ha ido generándose con un diseño atractivo, a través del comic y el cine, principalmente. La corriente más significada de estas tendencias visuales es la que se llamó en los 80 Ciberpunk, con autores de culto como William Gibson o, en otra faceta más intelectual, Ballard.

La distopía se superpone a nuestra realidad

Algo característico de la estética y argumentación distópica es que las narraciones se suceden en épocas no demasiado alejadas de la nuestra, o en un tiempo histórico paralelo (ucronías), lo que permite a los autores jugar con elementos tanto actuales como del futuro próximo. La evolución de nuestras sociedades modernas (vigilancia cibernética de los ciudadanos, imposición de los intereses de las grandes corporaciones sobre la voluntad popular, desarrollo genético, calentamiento global, etc.) nos hace pensar en un mundo mezcla entre 1984, Un mundo Feliz y Fahrenheit 451. La película de François Truffaut sobre el libro de Ray Bradbury es quizás la más emotiva y esperanzadora.

Estética del fracaso social en un mundo tecnológico

Philip K Dick es uno de los escritores que más se acercaron a los planteamientos morales de un mundo en el que la tecnología cambia pero no así las formas políticas y sociales. Un mundo así, se volvía cada vez más gris y estancado, como así aparecía en Blade Runner, donde curiosamente son los seres artificiales (los replicantes) los que tienen un papel más esperanzador y poético y le enseñan al protagonista la salida.

Antecedentes de Trump en mundos distópicos

En la novela del anteriormente citado PKD, “Radio Free Albemuth” se describe a un presidente americano llamado Ferris F. Fremont, que, mezcla de el peor oportunismo y populismo, crea un estado totalitario bajo la apariencia de una democracia. También en la obra de Douglas Adams de la serie humorística La Guía del Autoestopista Galáctico, aparece un presidente de la galaxia, Zaphod Beeblebrox, que predica la autocomplacencia y la completa ausencia de interés por la sociedad que lo ha elegido (Una sociedad que elige a los presidentes para tenerlos vigilados, ya que los considera como personas peligrosas para la sociedad y supone que en el cargo de presidente es donde menos daño pueden hacer.). Y ya tocando la realidad no podemos olvidarnos del episodio de Los Simson en los que se predice su victoria y sus desastrosos efectos.

Mundos distópicos y humor agridulce

Por último me voy a referir a otro creador que ha tomado la iniciativa en la descripción de un mundo sin esperanza, aunque siempre con una pequeña salida y muchas dosis de humor, como es Terry Gilliam,  en su trilogía de ciencia ficción. Con su Brazil le daba una vuelta de tuerca al mundo orwelliano, con 12 Monos nos enfrentaba a las paranoias humanas el fin del mundoy en Teorema Cero, llegaba a la conclusión de que ser piecitas de una gran maquinaria no nos salvará de nosotros mismos.

A dónde vamos, de dónde venimos, lo importante es el espectáculo…

Y todo esto es para decir que la vida perfecta, la justicia para todos, el fin del hambre y las guerras… Todo esto es posible. Nunca antes tuvimos tantas herramientas a nuestro alcance para hacerlo posible. El único impedimento somos nosotros.

No nos gusta el escenario final, sin noticias estridentes, realmente aburrido (pensemos en los países nórdicos) y sin espectáculo.  La alternativa es más caos y entropía hasta llegar al objetivo final distópico. Donald Trump puede ser el primer paso para conseguirlo. ¡El espectáculo debe continuar!

 

 

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