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Cuando Google te mete el dedo
(perdón, el Glass) en el ojo

Google GlassPara redondear ese mundo de autistas funcionales en el que se esta convirtiendo nuestro planeta, con la gente embutida permanentemente en sus cascos, y atrapada por los mensajes y juegos de sus dispositivos móviles, nace Google Glass, para que ninguno de nuestros sentidos quede asilado del mundo virtual ni un minuto, aunque para ello nos desconectemos del mundo real la mayor parte del tiempo.

¿Realidad aumentada o sustituida?

La realidad aumentada o conectada se está superponiendo e incluso sustituyendo a la realidad de la percepción directa. Por un lado, el aporte de información sobre un hecho percibido no es malo per se, nos puede permitir disfrutar más profundamente del mismo. Por ejemplo, cuando vemos una obra de arte, contemplamos una creación única, pero también una obra desarrollada en un contexto histórico y cultural concreto. Conocer el contexto puede llevarnos a un mejor aprecio y también a una conexión con otras obras y artistas relacionados. El verla a través de un dispositivo móvil y compartir esa información con otras personas de nuestra red (¡ Eh! ¡estoy aquí al lado de la Gioconda!), puede producirnos un placer, tanto por compartir el momento, como por aportarnos un subidón de estatus momentáneo (sobretodo si el resto del mundo está trabajando, estabulado en su despacho).

Este es uno de los videos oficiales de presentación del producto

Pero todas estas ventajas pueden perderse cuando todos los momentos de experiencia directa están mediatizados por elementos técnicos interpuestos. Aquí la tecnología como extensión del ser humano (tal como la concebía McLuhan), se puede convertir en unas muletas innecesarias que mediaticen nuestra experiencia (hay que fotografiarlo todo, hay que compartirlo todo, hay que  crear relevancia de los actos inmediatos, convertirlos en actos mediáticos…).

¿Soy víctima del Shock del Futuro?

Me estoy poniendo un poco apocalíptico (parafraseando esta vez a Eco) y decididamente pedante en este artículo. Se me puede perdonar entendiendo que soy más de la generación de la televisión que de la del teléfono móvil (ni en 2001 de Kubrick, ni en Blade Runner estos aparatos aparecían), pero creo  que andar por la calle convertidos en ciborgs autistas no es un futuro que me agrade, aunque, supongo que me tendré que acostumbrar. Además también tengo mis contradicciones, como hacer un artículo crítico, sin conocer el dispositivo personalmente y sirviendo, in-voluntariamente como vehículo publicitario del mismo.

También han surgido un montón de videos parodiando el artilugio:

Lo que promete Google

Para equilibrar el artículo y la zona de mi cerebro que es partidaria de la cacharrería tecnológica os dejo algunas características del invento (según su página web):

  • Manejo sencillo.
  • Acepta órdenes por medio de la voz, como “Haz una foto”.
  • Puedes grabar en video lo que ves, “sin manos”.
  • Puedes compartir lo que ves “en directo”.
  • Puedes ver las indicaciones de rutas del GPS y Google Maps, enfrente y superpuestas a lo que ves.
  • Puedes enviar un mensaje, utilizando la voz.
  • Responde a peticiones de información, del tipo “¿ Cuando se construyó este monumento?”
  • Traduce tus frases a otros idiomas.
  • Aporta información contextual de forma automática.
  • Es ligero pero resistente y con un diseño atractivo.

Claro que esto son promesas de la publicidad que habrá que comprobar en persona (cuando me lo deje algún conocido, porque no creo que me llegue para pagar los 1200 euros que, al parecer, va a costar el aparatito.

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