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Pedagogía y teología en los procesos de diseño

bauhaus-party_peqDecía una cita, de cuyo autor no quiero acordarme (más bien no puedo), que todo proceso de venta es un proceso educativo (cuando cobras lo que has vendido, es que has aprobado). Actualmente el moderno marketing lo ha equiparado a un proceso de comunicación, que termina con lo que en marketing on-line se llama una “conversión“. Esta palabra en castellano da mucho jugo, ya que, aprovechando su doble significado podríamos interpretar que hemos convertido a una persona indiferente hacia nuestra empresa en un converso/creyente, dispuesto a contratar nuestros servicios o a comprar nuestros productos.

Convertir al cliente en creyente

Esta idea de la conversión de una persona en cliente/creyente, tiene en el mundo del diseño mucha razón de ser, sobretodo en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas e incluso en el desarrollo de proyectos empresariales personales, que es en el que muchas veces me muevo. La cultura del diseño es bastante escasa en nuestro país y la idea de pagar por este tipo de trabajos lo es aún más. Muchos ven en estas disciplinas la mera aplicación de conocimientos sobre programas de ordenador y entornos gráficos y no valoran otros tipos de estudios, metodologías o experiencias del profesional. Por esta razón es importante explicar al cliente en todo momento la razón de nuestras decisiones de diseño y lo que aportan de información y valor añadido a sus propios proyectos.

Mejor: educar al cliente para que sea un consumidor de diseño, formado y con criterio

Este trabajo, que llamo pedagógico, puede parecer un poco tedioso, pero es fundamental para mantener una relación de confianza con el cliente y revalorizar ante sus ojos nuestro trabajo. Puede aportar además puntos de análisis nuevos dentro del propio proyecto, ya que nos obliga a pararnos, examinar el trabajo realizado y analizarlo para explicárselo al cliente. Cada vez que realicemos un análisis de este tipo podemos aprovecharlo para testar internamente el proceso, sin esperar al final del mismo, con lo que podemos ganar en eficacia y calidad. Al final nuestro objetivo real no es conseguir nuevos creyentes, que se acerquen al diseño como un nuevo dogma a seguir, pero si clientes informados que tendrán criterios propios y fundamentados a la hora de valorar el trabajo de un diseñador. Es decir que al finalizar un trabajo puedan valorar el mismo en parámetros de eficacia comunicativa, puedan analizarlo más allá del me gusta/ no me gusta.

Labor divulgativa sin premio a corto plazo

Lo mismo que en el mundo del vino el desarrollo, en los últimos cuarenta años, de una cultura del conocimiento de los procesos y de las cualidades a exigir del producto, y el establecimiento de criterios más o menos comunes de análisis (a través de la cata) ha hecho que este sector de un paso de gigante en su difusión pública; Así el mundo del diseño, aplicado a múltiples disciplinas necesita de la creación de esta cultura que ahora está muy restringida a los ámbitos profesionales. Para crear esta cultura no nos queda otra, a los que trabajamos en el sector, que desarrollar una labor divulgativa, a través de blogs y publicaciones, pero también en nuestra relación diaria con nuestros clientes y proveedores. Este trabajo, está claro, no nos lo va a pagar nadie, pero si nos puede aportar ventajas a largo plazo, como la fidelización de nuestros clientes y el reconocimiento profesional.

La fotografía pertenece al artículo Oskar Schlemmer’s Bauhaus Costume Parties 1924-1926.

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