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Cuando la forma sigue al marketing

Diseño o marketing?Los diseñadores y arquitectos de la primera mitad y gran parte del siglo XX, adscritos a la corriente moderna o lo que se llamó el estilo Internacional, entre los que se encontraba gente tan afamada como Adolf Loos, Le Corbusier, Walter Gropius, Alvar Aalto, Mies van der Rohe y otros tuvieron a bien considerar la frase del también arquitecto Louis Sullivan, “La forma sigue a la función”, como parte de sus fundamentos a la hora de crear, desde edificios hasta cualquier objeto de la vida cotidiana. En el mundo del diseño la Bauhaus fue uno de los pilares en la difusión de este paradigma.

Esto no viene a significar, ni más ni menos, que un buen diseño debe reforzar la función para lo que un objeto u obra gráfica ha sido creado. Un buen diseño, por ejemplo,  debe crear una silla más cómoda, a la vez que mejorar su estética. De hecho el diseño no es algo que deba superponerse al objeto en si, como un ornamento o capa que lo embellezca, sino debe ser parte de la estructura intrínseca de cualquier objeto.

Como todas las teorías tiene sus seguidores y sus detractores. Desde la segunda mitad del siglo XX los fabricantes de artículos han decantado la balanza del diseño hacia la venta. Los gustos de los consumidores han pasado a ser primordiales, imponiéndose a la propia funcionalidad de los objetos. Los productos ya no se fabrican con la intención de que sirvan para algo, sino para que se vendan en el mayor número posible. De todas formas está demostrado que un buen diseño (como Apple ha demostrado en las últimas décadas), no sólo, no va en contra de las ventas, sino que las favorecen.

En otras empresas, como en Microsoft, no deben pensar lo mismo. Sus programas son cada vez más cuidados estéticamente, no lo discuto, pero muchas veces es a costa de dificultar la funcionalidad de los mismos e incluso ocultar funcionalidades al usuario. El ejemplo más reciente podemos tenerlo en el Vista y el Windows 7. Después de conseguir un producto bastante fiable con el XP, Microsoft se empeñó, motivado por las necesidades del mercado, que necesita de nuevas versiones  constantemente, en darle un lavado de cara a su sistema operativo. El resultado es un sistema más aparente, pero a costa de esconder funcionalidades, como los menús de carpetas o las herramientas del navegador, para que el sufrido usuario tarde un par de días en encontrar la función de opciones. También ha hecho cambios drásticos en el Office, eliminando os menús y cambiándolos por engorrosas barras de utilidades. Además de la afuncionalidad, los nuevos programas consumen cada vez más recursos del sistema, tanto de computación como a nivel gráfico.

Como siempre esto depende del gusto de cada cual, pero el hecho que estos cambios no han mejorado el diseño y menos las funciones del objeto, en este caso programa, lo podemos ver en que empresas tan serias como DELL, estaban ofertando, hasta hace bien poco, la posibilidad de entregar sus nuevos equipos con el viejo XP instalado (cobrando, incluso, un sobrecosto por el mismo) y que en Internet hay multitud de foros con quejas de usuarios y artículos del tipo “Cómo hacer que Vista funcione como XP”. Todo ello dice bastante del diseño de Microsoft.

La pregunta sigue siendo la misma , ¿debe el diseño ser una mera cuestión de marketing o responder a la función del objeto diseñado?

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