Los viejos maestros nunca mueren

ZinebiEl pasado 29 de noviembre se clausuró la 50 edición (¡se dice pronto!) del festival de cortos de Bilbao Zinebi. Un festival que sobrevive a pesar del maltrato que,  en algunas ocasiones, ha recibido de las instituciones y, tampoco vamos a negarlo, del público. Es, sin embargo, el único del estado, en la categoría de documental y cortometraje, acreditado por la Fiapf (Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos).

Este año recibía el Mikeldi de Honor Richard Lester, que contaba con una sinuosa relación con el festival, en el que participó como concursante (Mikeldi de Plata en 1960) y también como presidente del jurado (1970).

Tuve la suerte de poder visionar en el Guggenheim el corto del 60, así como una de sus primeras peliculas (The knack and how to get it), que junto a Golfus de Roma o Robin y Marian, son mis favoritas en su filmografía. Además era la primera vez que veía la película en pantalla grande, lo cual tenía su atractivo. Por desgracia ese atractivo sólo consiguió congregar a séis personas. Calculé (la entrada costaba 3 euros) que habíamos conseguido alquilar el auditorio del museo por 18 euros, para que luego digan que la cultura es cara.

En el acto de clausura participó Pedro Olea, con un documental de 1966, recientemente restaurado, titulado (lo dice todo) La Ría de Bilbao. Yo en aquella época tenía 3 años, pero aún así su visionado me produjo cierto placer de añoranza y de vuelta a los días de mi niñez. Más tarde, gracias a un amigo común, pudimos hablar con el realizador, que nos trasladó su preocupación o vergüenza, que le daban los posibles fallos del documental , fruto de sus primeros años de profesional. Nosotros le comentamos que si los tenía, no los habiamos detectado y que nos parecía más valiosa tanto su aportación histórica como sentimental, que los posibles errores técnicos, por otra parte, inapreciables. También nos comentó las imposiciones y críticas que recibió en la época (ahora nos parecen ridículas, pero a el le afectaron en su momento), sobre todo por su enfoque social. Los que le encargaron el trabajo querían un Ría de postal y se encontraron una Ría llena de sentimiento (incluyendo algunos poemas de Blas de Otero) y de obreros trabajando.

Estos grandes maestros, tanto Lester como Olea, han dejado una gran impronta en la realización actual, aunque algunos no se la reconozcan. El primero puede vanagloriarse de haber inventado el videoclip (que se lo pregunten a los Beatles) y el segundo de ser uno de los creadores de un cine comercial nacional de calidad, alejado de los tópicos y del intelectualismo dominante en sus inicios. Como muestra vale un botón, y no es extraño que la pelicula ganadora del Gran Premio del Festival de Bilbao de este año, Le feu, Le sang, Les Étoles (El fuego, la sangre, las estrellas), de la realizadora francesa Caroline Deruas, nos ofrezca una visión del mundo hija del 68 francés, quizás un poco más pesimista, pero que visualmente podría entroncarse con el cine de los sesenta, de Godard, Truffaut, … Lester u Olea. Por cierto el trailer de la película ganadora puede verse en la red, en la página de la productora (en formato QuickTime).

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