
Ahora estas edificaciones están, en muchos casos, en peligro de extinción y algunas buenas gentes han decidido luchar por salvarlas.
Este estilo floreció sobretodo en los paises del socialismo real y también, casualmente, en las dictaduras fascistas como la nuestra. Está claro que los extremos se tocan y los dictadores vieron en estas estructuras una forma de demostración del poderío de sus propios países. Como la megalomanía es contagiosa también existen muestras de este movimiento en númerosos países.
De esta manera ha nacido el movimiento SOS Brutalism, con la esperanza de salvar algunos edificios concretos de esta naturaleza. No lejos de nosotros podemos encontrar ejemplos, como el ascensor de Begoña, de Rafael Fontán (1943), que es uno de los edificios que recoge la organización. No se si también deberían estar incluidas en esta lista las «Casas Americanas» del barrio de San Ignacio obra de los arquitectos Rufino Basáñez, Esteban Argárate y Julián Larrea. Estas últimas, por suerte, totalmente remozadas y en buen estado de conservación.
Aquí podéis ver algunas imágenes de brutalismo en nuestro entorno más cercano (fotografías de Ayuntamiento de Bilbao, E. P. Heck y Edu Lartzanguren):
Se puede ver un reportaje sobre el tema en Hyperallergyc