
Algunos casos sorprendentes.
El primero de ellos se refiere al protagonista de una película que marcó una época, recién nos iniciamos en la caída de la censura cuando se estrenó en nuestro país. Me estoy refiriendo a “La Naranja Mecánica”. Todavía me acuerdo de las colas para verlas en los cines de Arte y Ensayo de la época. Yo tuve que esperar unos años, por razones de edad, para visionarla en un cineclub. Todavía hoy me deslumbra la fuerza de su argumento, su estética de época y el uso tan dramático de la música. Pero no era de eso de lo que quería hablar, sino de su protagonista, Malcom McDowell, que desde entonces no levantó cabeza, aunque no haya dejado de trabajar en papeles de malvado en películas y series de televisión. No se si su mirada ambivalente o su mala vida son culpables de ello. Como atenuante hay que decir que el director Stanley Kubrick había filmado anteriormente «2001, Una odisea en el Espacio«, cuyos actores principales no volvieron a brillar nunca más.
Otro de mis directores favoritos es Alfred Hitchcock, que no se si le hizo un favor o arruinó la carrera de Anthony Perkins cuando le ofreció el trabajo del perturbado protagonista de Psicosis. Justo es decir que desde entonces el actor vivió del personaje, pero quedó anulado para una carrera más creativa.
Siguiendo con los caídos en acto de servicio seguiré con otro de mis talentos preferidos, al que, entenderé que algunos no veáis como merecido integrante de esta lista. Me estoy refiriendo a Christopher Walken. Conocido actor, pero también bailarín, como se ve en algún videoclip. Su gran impronta dramática parece que asusta los directores que solo lo llaman para caracterizaciones de personajes un poco estrambóticas. Su actuación en «El Cazador» de Michael Cimino (de este también podríamos hablar) fue su canto del ángel, por la que le dieron un merecido Oscar. Yo, definitivamente, me derrito cuando le veo en cualquier papel, por pequeño y retorcido que sea.
El actor ideal para cada papel
Hay un caso que me parece paradigmático, porque el actor se unió a su personaje y nunca más supimos nada de él. Sé que hago trampa, porque su papel en la película era secundario, pero, por otra parte, sin él hubiera faltado algo. Su nombre es Joel Grey, y seguramente no os dirá nada, pero si lo defino como el maestro de ceremonias de Cabaret, todos lo recordamos de golpe. (Sí, es el que cantaba aquello de money, money… junto a Liza Minelli)
Para terminar citaré a otro secundario de lujo cuya actuación crepuscular le comió la tostada al mismísimo Harrison Ford en la inolvidable Blade Runner de Ridley Scott. Me refiero a Rutger Hauer, cuyo diálogo al morir como el replicante Roy Batty, nunca podremos olvidar:
“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser…
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir.”
Sniff, sniff… Bien, había pensado alargar la lista con otros actores, tan arrebatadores como inciertos como Mickey Rouke o William Dafoe, pero por razones distintas no creo que encajen bien en esta lista. Otra vez será, y lo mismo digo, para algunas de mis actrices y directores más admirado/as y vilipendiado/as por la industria.
La pregunta que queda en el aire: ¿Se puede ser demasiado bueno para un determinado trabajo?