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¿Practicas el Slow Design?

Bueno, para empezar habría que definir qué es eso del Slow Design. Sé de buena tinta que es así como algunos de mis clientes califican, maliciosamente, mis trabajos. Pero no, no nos estamos refiriendo con ello a los diseñadores que posponen hasta la eternidad la entrega de sus proyectos.

El Slow Design surge dentro de lo que se ha denominado movimiento Slow, nacido en Italia en la década de los 80’s como respuesta, en un primer momento, desde el mundo culinario, a la expansión repetitiva del fast-food.

En un excelente artículo de la revista Visual,  Xènia Viladàs nos define de forma sintética las premisas de este movimiento, al que, a priori, me adhiero:

Como todo movimiento tiene sus voces propias que se pueden consultar si se quiere profundizar en el tema:

Según sus promotores estos conceptos no tendrían porqué estar enfocados al trabajo más artesano, sino que podrían aplicarse también a grandes proyectos. Sus preceptos van en la línea de mejorar la calidad, tanto del proceso de diseño, como del producto final. Todo ello en beneficio del profesional, pero también del cliente del mismo.

Aparte del rollo místico que pueden tener algunas de sus propuestas, está claro que forman parte de una respuesta global a un modelo de sociedad ya agotado y que ha dejado de fijarse en la persona como centro de su desarrollo, para tener como único fin el enriquecimiento de unos pocos.

La ilustración es de Leigh Wells para un artículo del New York Times .

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